PARÍS/BRUSELAS – Con el lanzamiento del Pacto Verde Europeo hace cinco años, la Unión Europea se posicionó como líder mundial en acción climática. Pero la creación de una economía sostenible es todavía más importante ahora que aumentan los efectos y costos del calentamiento global. Además, la crisis del gas natural tras la invasión rusa de Ucrania subraya la necesidad de acelerar la descarbonización para asegurar el suministro energético del bloque, reducir sus gastos en energía y fomentar la cohesión social. Lo que comenzó como una agenda climática ahora puede ayudar a la UE a enfrentar sus desafíos existenciales.
Para satisfacer estas demandas, la UE debe poner en práctica el plan Objetivo 55, que exige reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) al menos un 55% de aquí a 2030 y adoptar lo antes posible la meta propuesta de reducirlas un 90% en 2040. No es posible dar marcha atrás, ya que hacerlo expondría al bloque a más efectos climáticos adversos y le restaría competitividad, seguridad y credibilidad global.
Es indudable que el camino hacia la neutralidad de carbono no será fácil. Al cobrar impulso la transición energética, surgirán cuestiones de equidad; por ejemplo a quién corresponde pagar los costos de descarbonizar la construcción, el transporte y la agricultura. También puede poner a prueba la cohesión de la UE, ya que la aparición de industrias verdes en regiones periféricas puede llevar a una reconfiguración del poder dentro del bloque. En el nivel global, habrá que garantizar una competencia pareja con países extracomunitarios que no están descarbonizando al mismo ritmo.
Lograr una transición limpia, justa y competitiva demanda un nuevo Pacto Industrial Limpio que promueva al mismo tiempo la descarbonización, el crecimiento sostenible y el desarrollo industrial. Este paquete integral de políticas que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se ha comprometido a promover en los primeros cien días de su segundo mandato generará apoyo para la transición verde y la hará políticamente aceptable.
Una estrategia industrial europea debe crear condiciones adecuadas para la inversión. En primer lugar, eso implica abaratar las fuentes de energía renovables y alentar su utilización, con medidas como, entre otras, la introducción de créditos fiscales y la reforma de los mercados de commodities. También habrá que reducir la burocracia (sin por ello diluir la política climática); por ejemplo, acelerando el otorgamiento de licencias y mejorando el acceso a financiación y a los mercados para movilizar los recursos que necesitan los fabricantes de tecnologías limpias para crecer y las industrias con alto consumo de energía para adecuar sus operaciones.
Felizmente, hay muchas formas de impulsar la inversión verde, entre ellas incorporar una regla de inversión pública en el nuevo marco fiscal de la UE y aumentar la financiación para el Banco Europeo de Inversiones, de modo que pueda maximizar su capacidad de reducir el riesgo de las inversiones en energía limpia. Además, la UE puede mejorar el uso de su presupuesto común con medidas como crear un nuevo fondo europeo de competitividad (algo que Von der Leyen también ha prometido) que obre como estímulo a la innovación y supeditar sus desembolsos a la implementación de los planes nacionales de los estados miembros para la energía y el clima. También puede ser útil crear una unión del ahorro y la inversión, ya que contribuiría a mejorar la solidez del mercado financiero europeo.
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La estrategia puede utilizar los mecanismos de compra pública para crear un mercado interno para productos y tecnologías limpias innovadores fabricados en Europa. Por supuesto, en momentos en que crece la importancia de la gestión de recursos como el agua, también debe reservar un lugar destacado para medidas que promuevan la economía circular y la protección del medioambiente.
Además, hay que analizar el modo de integrar la transición de la energía limpia con la transición digital y resolver las tensiones entre ambas: por ejemplo, los centros de datos consumen mucha energía, pero las tecnologías digitales serán cruciales para la gestión eficiente del futuro sistema energético.
Por último, hay que capacitar a los trabajadores para los empleos del futuro, de modo de mitigar el impacto social de la transición energética, sobre todo en regiones con industrias con alta emisión de carbono.
Para hacer frente a las problemáticas sectoriales, el Pacto Industrial Limpio debería subsidiar cadenas de suministro estratégicas en áreas tecnológicas donde la UE tiene una ventaja comparativa, teniendo en cuenta las tensiones entre descarbonización, competitividad y seguridad. Para lograrlo, se puede apelar a «europeizar» todo aquello que sea posible.
Según las recomendaciones del reciente informe de Mario Draghi sobre la competitividad europea, será crucial dirigir financiación pública hacia proyectos importantes de interés común europeo (IPCEI por la sigla en inglés) y aumentar el uso de instrumentos como el Fondo de Innovación. En esto pueden servir de modelo esquemas innovadores como el sistema de «subastas como servicio» del Banco Europeo del Hidrógeno, un método por el cual los estados miembros pueden complementar el presupuesto del Fondo de Innovación de la UE con recursos propios destinados a dar apoyo a proyectos adicionales, y «contratos por diferencia de carbono» para ayudar a las empresas a protegerse contra movimientos futuros de precios.
En vista de la escasez de recursos, la asignación de fondos a los IPCEI dependerá de que el fondo de competitividad europeo combine los instrumentos financieros que ya existen con otros nuevos. Además, el apoyo nacional a proyectos debe recibir un trato preferencial del nuevo marco fiscal de la UE; y hay que tratar de usar los ingresos generados por el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE y los contratos por diferencia de carbono de los estados miembros. Ningún plan para la descarbonización industrial a gran escala será creíble si no incluye medidas concretas para reducir el costo del capital y asegurar una provisión suficiente de recursos.
El Pacto Industrial Limpio, lo mismo que el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la UE y la ley de deforestación, tendrá efectos globales. Para aliviar las tensiones geopolíticas y diversificar las fuentes de componentes y materias primas fundamentales, el bloque puede forjar alianzas de comercio e inversión limpios con países extracomunitarios estratégicos. Colaborar en objetivos de energía verde con gobiernos ajenos a la UE ayudará en gran medida a mejorar la competitividad y la seguridad de Europa.
Pero para la creación de dichas alianzas hay dos condiciones que deben cumplirse. En primer lugar, extender el «enfoque Team Europe» (por el que los estados miembros unen fuerzas en la acción externa) de modo de aumentar la influencia de la UE en el resto del mundo. En segundo lugar, las alianzas se deben coordinar en el nivel de los vicepresidentes ejecutivos, para asegurar la coherencia y el impacto general de las políticas.
El Pacto Verde Europeo sólo tendrá viabilidad política si la UE implementa un paquete de políticas que combine los esfuerzos de descarbonización con medidas para mejorar la competitividad y la cohesión social. Por eso, la tarea principal de la nueva Comisión Europea debe ser poner en marcha un sólido Pacto Industrial Limpio.
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Recent demonstrations in Gaza have pushed not only for an end to the war, but also for an end to Hamas's rule, thus echoing Israel's own stated objectives. Yet the Israeli government, consumed by its own internal politics, has barely acknowledged this unprecedentedly positive development.
underscores the unprecedented nature of recent demonstrations in the war-ravaged enclave.
America's history is replete with episodes in which vigorous government action proved essential to achieving shared prosperity. With a lethal mutation of neoliberalism now destroying US state capacity, understanding what came before has never been more important.
urges the creation of public utilities to accelerate decarbonization and improve living standards.
PARÍS/BRUSELAS – Con el lanzamiento del Pacto Verde Europeo hace cinco años, la Unión Europea se posicionó como líder mundial en acción climática. Pero la creación de una economía sostenible es todavía más importante ahora que aumentan los efectos y costos del calentamiento global. Además, la crisis del gas natural tras la invasión rusa de Ucrania subraya la necesidad de acelerar la descarbonización para asegurar el suministro energético del bloque, reducir sus gastos en energía y fomentar la cohesión social. Lo que comenzó como una agenda climática ahora puede ayudar a la UE a enfrentar sus desafíos existenciales.
Para satisfacer estas demandas, la UE debe poner en práctica el plan Objetivo 55, que exige reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) al menos un 55% de aquí a 2030 y adoptar lo antes posible la meta propuesta de reducirlas un 90% en 2040. No es posible dar marcha atrás, ya que hacerlo expondría al bloque a más efectos climáticos adversos y le restaría competitividad, seguridad y credibilidad global.
Es indudable que el camino hacia la neutralidad de carbono no será fácil. Al cobrar impulso la transición energética, surgirán cuestiones de equidad; por ejemplo a quién corresponde pagar los costos de descarbonizar la construcción, el transporte y la agricultura. También puede poner a prueba la cohesión de la UE, ya que la aparición de industrias verdes en regiones periféricas puede llevar a una reconfiguración del poder dentro del bloque. En el nivel global, habrá que garantizar una competencia pareja con países extracomunitarios que no están descarbonizando al mismo ritmo.
Lograr una transición limpia, justa y competitiva demanda un nuevo Pacto Industrial Limpio que promueva al mismo tiempo la descarbonización, el crecimiento sostenible y el desarrollo industrial. Este paquete integral de políticas que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se ha comprometido a promover en los primeros cien días de su segundo mandato generará apoyo para la transición verde y la hará políticamente aceptable.
Una estrategia industrial europea debe crear condiciones adecuadas para la inversión. En primer lugar, eso implica abaratar las fuentes de energía renovables y alentar su utilización, con medidas como, entre otras, la introducción de créditos fiscales y la reforma de los mercados de commodities. También habrá que reducir la burocracia (sin por ello diluir la política climática); por ejemplo, acelerando el otorgamiento de licencias y mejorando el acceso a financiación y a los mercados para movilizar los recursos que necesitan los fabricantes de tecnologías limpias para crecer y las industrias con alto consumo de energía para adecuar sus operaciones.
Felizmente, hay muchas formas de impulsar la inversión verde, entre ellas incorporar una regla de inversión pública en el nuevo marco fiscal de la UE y aumentar la financiación para el Banco Europeo de Inversiones, de modo que pueda maximizar su capacidad de reducir el riesgo de las inversiones en energía limpia. Además, la UE puede mejorar el uso de su presupuesto común con medidas como crear un nuevo fondo europeo de competitividad (algo que Von der Leyen también ha prometido) que obre como estímulo a la innovación y supeditar sus desembolsos a la implementación de los planes nacionales de los estados miembros para la energía y el clima. También puede ser útil crear una unión del ahorro y la inversión, ya que contribuiría a mejorar la solidez del mercado financiero europeo.
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Además, hay que analizar el modo de integrar la transición de la energía limpia con la transición digital y resolver las tensiones entre ambas: por ejemplo, los centros de datos consumen mucha energía, pero las tecnologías digitales serán cruciales para la gestión eficiente del futuro sistema energético.
Por último, hay que capacitar a los trabajadores para los empleos del futuro, de modo de mitigar el impacto social de la transición energética, sobre todo en regiones con industrias con alta emisión de carbono.
Para hacer frente a las problemáticas sectoriales, el Pacto Industrial Limpio debería subsidiar cadenas de suministro estratégicas en áreas tecnológicas donde la UE tiene una ventaja comparativa, teniendo en cuenta las tensiones entre descarbonización, competitividad y seguridad. Para lograrlo, se puede apelar a «europeizar» todo aquello que sea posible.
Según las recomendaciones del reciente informe de Mario Draghi sobre la competitividad europea, será crucial dirigir financiación pública hacia proyectos importantes de interés común europeo (IPCEI por la sigla en inglés) y aumentar el uso de instrumentos como el Fondo de Innovación. En esto pueden servir de modelo esquemas innovadores como el sistema de «subastas como servicio» del Banco Europeo del Hidrógeno, un método por el cual los estados miembros pueden complementar el presupuesto del Fondo de Innovación de la UE con recursos propios destinados a dar apoyo a proyectos adicionales, y «contratos por diferencia de carbono» para ayudar a las empresas a protegerse contra movimientos futuros de precios.
En vista de la escasez de recursos, la asignación de fondos a los IPCEI dependerá de que el fondo de competitividad europeo combine los instrumentos financieros que ya existen con otros nuevos. Además, el apoyo nacional a proyectos debe recibir un trato preferencial del nuevo marco fiscal de la UE; y hay que tratar de usar los ingresos generados por el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE y los contratos por diferencia de carbono de los estados miembros. Ningún plan para la descarbonización industrial a gran escala será creíble si no incluye medidas concretas para reducir el costo del capital y asegurar una provisión suficiente de recursos.
El Pacto Industrial Limpio, lo mismo que el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la UE y la ley de deforestación, tendrá efectos globales. Para aliviar las tensiones geopolíticas y diversificar las fuentes de componentes y materias primas fundamentales, el bloque puede forjar alianzas de comercio e inversión limpios con países extracomunitarios estratégicos. Colaborar en objetivos de energía verde con gobiernos ajenos a la UE ayudará en gran medida a mejorar la competitividad y la seguridad de Europa.
Pero para la creación de dichas alianzas hay dos condiciones que deben cumplirse. En primer lugar, extender el «enfoque Team Europe» (por el que los estados miembros unen fuerzas en la acción externa) de modo de aumentar la influencia de la UE en el resto del mundo. En segundo lugar, las alianzas se deben coordinar en el nivel de los vicepresidentes ejecutivos, para asegurar la coherencia y el impacto general de las políticas.
El Pacto Verde Europeo sólo tendrá viabilidad política si la UE implementa un paquete de políticas que combine los esfuerzos de descarbonización con medidas para mejorar la competitividad y la cohesión social. Por eso, la tarea principal de la nueva Comisión Europea debe ser poner en marcha un sólido Pacto Industrial Limpio.
Traducción: Esteban Flamini