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África, diáspora y finanzas, un recurso poco aprovechado

LONDRES – Quienes más aportan al financiamiento del cambio en África son los miembros de su diáspora. No se suele tener en cuenta a las remesas porque son informales, no suelen ser informadas y su objetivo está muy acotado; pero su escala es muy significativa, gracias al poderoso compromiso que asume la diáspora de africanos para mejorar la situación de sus familiares y de las comunidades que aman. Quienes, como yo, hacen donaciones formales no solo deben aprender de ello, sino también buscar oportunidades para colaborar con la diáspora para fortalecer el impacto que logran sus miembros.

En 2022, los 160 millones de africanos que viven fuera del continente enviaron a sus hogares remesas por más de USD 95 000 millones. Cerca de USD 53 000 millones llegaron a países del África subsahariana: los principales destinos fueron Nigeria, Ghana, Kenia y Zimbabue. Esas cifras son comparables a los USD 30 000 millones de inversión extranjera directa (IED) y apenas USD 29 000 millones de asistencia extranjera para el desarrollo que recibe esa región del continente.

En particular, la IED y la asistencia cayeron el año pasado debido a que los desafíos que enfrenta el mundo —como el aumento de la inflación y la guerra de Ucrania— llevaron a que los donantes redujeran o redirigieran sus aportes. Pero las remesas aumentaron por muchas de esas mismas razones: los africanos de la diáspora sabían que sus familias y comunidades debían enfrentar inseguridad alimentaria y catástrofes naturales, como inundaciones y graves sequías.

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