TEL AVIV – Disfrutando un capuchino perfecto y un crujiente cruasán en una apacible calle de Tel Aviv, cuesta imaginar que a 69 kilómetros de distancia, los gazatíes están siendo bombardeados y ametrallados (por no hablar de la violencia constante en Cisjordania, a menos de 65 kilómetros). Cuando en la superficie la vida parece tan civilizada, es fácil olvidar el sufrimiento ajeno.
TEL AVIV – Disfrutando un capuchino perfecto y un crujiente cruasán en una apacible calle de Tel Aviv, cuesta imaginar que a 69 kilómetros de distancia, los gazatíes están siendo bombardeados y ametrallados (por no hablar de la violencia constante en Cisjordania, a menos de 65 kilómetros). Cuando en la superficie la vida parece tan civilizada, es fácil olvidar el sufrimiento ajeno.