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La IA, ¿ama o esclava?

BERLÍN – Vivimos tiempos ajetreados -incluso podría decirse que “salvajes”- en que la historia cobra un ritmo rápido y furioso. ¿Por qué esto está pasando ahora? Porque la humanidad está viviendo tres grandes crisis transformacionales al mismo tiempo. Cada una de las transformaciones geopolítica, climática y digital habría sido un reto suficiente por sí misma, pero nos están ocurriendo todas a la vez. Una megacrisis global sin precedentes amenaza con abrumar las capacidades de nuestros sistemas políticos y culturales de adaptación o control.

Cada año que pasa con máximos históricos de temperaturas, incendios forestales, sequías y fenómenos meteorológicos extremos subraya la escala de la crisis climática. Aunque sus implicancias globales de largo plazo son extraordinariamente complejas, los rasgos básicos del problema se entienden bien. Las soluciones se saben, pero las maniobras políticas para ponerlas en práctica son desquiciantemente difíciles. En contraste, las consecuencias de la transformación digital son más inciertas. Justo el año pasado, la humanidad abrió una nueva puerta tecnológica con avances asombrosos en la inteligencia artificial (IA) generativa, y nadie sabe con certeza lo que nos espera del otro lado.

Una gran diferencia entre estos dos acontecimientos es que los efectos de la IA se podrían detener, y hasta revertir… al menos en principio. Sin embargo, cabe dudar de que realmente sea así. Tanto la experiencia histórica como la lógica subyacente del desarrollo tecnológico y la investigación sugieren que la revolución de la IA no hará más que seguir ganando impulso.

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