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Redes post-norteamericanas

WASHINGTON, DC – En el mundo de hoy, el acceso a las redes globales es una fuente crítica de poder, pero la interdependencia resultante también puede generar vulnerabilidad. El poder fluye de la centralidad: ser un polo que conecta a todos los otros nodos, o a la mayoría. La amenaza de negar acceso a esos polos puede ser una sanción poderosa contra los malos jugadores. Pero, si se abusa de ese poder –si se utiliza la interdependencia asimétrica como un arma-, los participantes en una red pueden decidir crear redes alternativas propias.

Ése es el riesgo que corre actualmente Estados Unidos. Tiene la principal moneda de reserva del mundo y goza de un rol central en las redes financieras globales. Pero está utilizando esa posición para implementar objetivos de política exterior que probablemente debiliten su centralidad y, por ende, su influencia en el largo plazo.

Un ejemplo importante es la creciente crisis con Irán, que comenzó en mayo de 2018, cuando Estados Unidos unilateralmente se retiró del acuerdo nuclear de 2015, conocido oficialmente como el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). Peor aún, Estados Unidos desde entonces ha impuesto su decisión a otros signatarios –Gran Bretaña, Francia, Rusia, China, Alemania y la Unión Europea-, amenazando con sanciones secundarias contra terceros que respeten el PAIC.

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